MIERCOLES DE CENIZA JIQUILISCO

El día 18 de febrero en la parroquia Nuestra Señora del Transito se celebro el Miércoles de Ceniza en cuatro horarios, a las 7.00am en el Centro Escolar Católico Madre María Aurora Laguardia, en la parroquia El Transito de María a las 9.00am, en la Comunidad Nueva Cruzadilla San Juan y finalmente a las 6.00pm en la Parroquia. La celebración animada por el Espíritu de conversión a la que nos exhortaban las letras, gozo de una buena participacipacion activa y consciente por la feligresía.
Acentuamos el rasgar no las vestiduras sino el corazón como nos grita el profeta Joel 2,12-18, ante un corazón endurecido, encerrado en sí mismo, condenado a vivir sepultado. Reflexionamos además en las palabras del papa Francisco sobre la globalización de la indiferencia, en donde muchos lazaros siguen a la vista en todas partes esperando al menos las migajas que caigan para ellos por la avaricia, glotonería y gorrones que existen en todas partes.
Del evangelista San Mateo 6,1-6.16-18 reflexionamos sobre la oración el ayuno y la limosna; el ayuno que no solo es dejar de comer carne, sino también ayunar con nuestros oídos y ojos que no se cansan de escuchar y ver tanta basura sobre todo en muchas redes o medios de comunicación nada edificantes; también ayunar hasta con nuestros celulares que se nos convierten como en grillos de privados de libertad que donde quiera que van tienen que arrastrarlos, y en el caso de los celulares todo se nos puede olvidar menos el celular que ni en los templos dejan de sonar y responder, a veces con discreción limitándose a responder con mensajes.
Oramos para que esta Cuaresma sea como nos lo dice 2Co 5,20-6,2 “Este es tiempo de Salvación” y lo mejor que nos pueda pasar es volvernos a Dios con un corazón contrito y humillado.
P. David Torres

CUARESMA

Origen de la costumbre
Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.
En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.
En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.
Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada. También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno. La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres. Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.
Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma. La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.) Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma. Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro o Nuevo Orleans.
El ayuno y la abstinencia. El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.
La oración. La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.
Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.
La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El sacrificio. Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “(Mt 6,6)”
Conclusión. Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección. Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean. En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente. Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la conversión.
El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer. La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión. La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo. Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús. Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás. Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.

MEDITACIÓN


Dios, en tus manos me abandono Yo me abandono ¡oh Dios! en tus manos.

Toma este barro y trabájalo como arcilla entre las manos del alfarero dale una forma y después, rómpela, si quieres como es despedazada la vida de tantos hermanos.

Pide, ordena ¿Qué quieres que haga? ¿Qué quieres que no haga? Ensalzado o humillado, perseguido, incomprendido, calumniado, alegre o triste, o inútil para todo, sólo diré, a ejemplo de tu Madre: “Hágase en mí según tu palabra”.

Dame el amor por excelencia, el amor de la cruz. Pero no de las cruces heroicas que podrían nutrir mi vanidad, sino de las cruces vulgares que, sin embargo, llevo con repugnancia.

De esas que se encuentran cada día en la contradicción, en el olvido, en los juicios falsos, en la frialdad del alma, en los desaires y desprecios de los demás; en el malestar y defectos del cuerpo, en la oscuridad de la mente y en el silencio y aridez del corazón.

Entonces sólo Tú sabrás que te amo, aunque ni yo lo sepa, con eso me basta.

Amén

FRATERNIDAD SACERDOTAL


Fraternidad sacerdotal una palabra conocida; pero ausente en los cleros. Vivimos una época del individualismo, fenómeno que se ha filtrado en la Iglesia y en nuestros cleros. Su Santidad el Papa Francisco nos dice “En la Iglesia hay una palabra clave a la que no tenemos que tener miedo: “Solidaridad”. Esto es poner a disposición con nuestro hermano lo que tenemos.
El individualismo, el egoísmo ha hecho muros de separación, muros que según el evangelio se prolongaran con una cuarta mas en el cielo, es el caso de Lázaro y el rico y entre nosotros estos muros no pueden ser la acepción. La acción de Jesucristo consistió en reconciliarnos con el Padre. Ef 2, 14 “Porque Cristo es nuestra paz, El que de los dos pueblos ha hecho uno solo, destruyendo en su propia carne el muro, el odio, que los separaba” y a veces esos muros son fruto de monstruos que nos hemos hecho sin existir.
La acción unificadora, fraternal que Jesús anuncia es vivida con alegría por los primeros cristianos. Hech 2,14 “Todos los creyentes Vivian unidos y compartían todo cuanto tenían” y en Hech 4,32 “Nadie consideraba suyo lo que poseía, sino que todo lo tenían en común”. Al principio Yave reclama y condena la falta de fraternidad entre Caín y Abel, Gen 4,9 “Yave dijo a Caín: “¿Donde está tu hermano Abel?” y él respondió: “No lo sé; ¿Soy acaso el guardián de mi hermano? Saber que todo sacerdote es mi hermano y olvidarlo es el peor pecado. Lo grave de Caín mas que matar a su hermano, está en no sentirse responsable de su hermano cuando dice ¿acaso soy yo responsable de mi hermano?”. De tal manera que matarle fue consecuencia de no haberlo cuidado.
Nuestra fraternidad, nuestra unidad nos viene de que todos participamos de Jesucristo Cabeza, Pastor, Esposo de la Iglesia y esto es un don de Dios y es esta fraternidad un maravilloso testimonio para el pueblo de Dios y que desea ver; en este sentido sino buscamos la santidad en la fraternidad para qué somos sacerdotes. Jesucristo está presente de un modo eminente en el Obispo, puesto que en el Obispo se da la plenitud sacerdotal, entonces nuestra fraternidad sacerdotal deriva de nuestra comunión con el Obispo. Comunión que es en el sentido ministerial, es decir no estamos llamados a comulgar totalmente con el Obispo como persona no así en su ministerio episcopal; nuestra obediencia hacia el Obispo es solo ministerial.
Los presbíteros debemos saber que la comunión entre nosotros deriva de la comunión con el Obispo. Somos conscientes que la fe que predicamos es la fe del Obispo, por quien nos unimos al Apóstol San Pedro. Qué duda cabe para que no haya fraternidad sacerdotal, si tenemos la misma Unción, tenemos la misma misión y estamos todos metidos en el mismo orden sacerdotal.
El Papa Francisco, refiriéndose a los sacerdotes nos dice “Me gustaría compartir con vosotros la alegría de ser sacerdote”. Cuando nosotros estamos delante del Sagrario su mirada nos renueva, nos reanima. Claro no es fácil dejarse ver, su mirada nos preocupa, nos pone en crisis; pero esto nos hace bien. En el silencio de la oración, Jesús nos hace ver si estamos colaborando como buenos trabajadores o tal vez nos hemos convertido un poco en “empleados”
Me llama la atención la mirada de Jesús a Pedro, cuando antes le ha dicho “Aunque todos te abandonen yo nunca te abandonare”. Ante su mirada se descubre traidor y benditas lágrimas de arrepentimiento porque le hicieron descubrir que solo era un discípulo, un apóstol equivocado, que peligro es querer ser el astro sol. Volviendo al Papa Francisco nos dice: “Quiero compartir con ustedes la belleza de la fraternidad: del ser sacerdotes juntos, de seguir al Señor no solos, no uno por uno, sino juntos. Que enriquecedor es el presbiterio en su variedad de origen, edades ,talentos y todo vivido en fraternidad. Cuidado con el individualismo de nuestra cultura que nos llega a nosotros en un individualismo pastoral y que por desgracia está muy extendido en nuestras Diócesis.
En LG 28 y PO 7 y 8 encontramos que la fisonomía del presbiterio es la de una verdadera familia, cuyos vínculos no provienen de carne y sangre, sino de la gracia del orden; una gracia que eleva las relaciones humanas, psicológicas, afectivas, amistosas y espirituales entre los sacerdotes. La fraternidad sacerdotal no excluye a nadie, pero puede y debe tener sus preferencias: las evangélicas… a quienes tienen mayor necesidad de ayuda o aliento; esta fraternidad presta atención especial a los presbíteros jóvenes, mantiene un dialogo cordial y fraterno con los de media edad y los mayores y por los que por razones diversas pasan dificultades.
P. David Torres

FRATERNIDAD SACERDOTAL INTERDIOCESANA


El 27 de Octubre de 2014, la fraternidad interdiocesana, sostuvimos un encuentro de oración, reflexión, dialogo, deporte, almuerzo y esparcimiento en las piscinas del centro turístico Flor del Rio, a poca distancia de la parroquia Nuestra Señora Santa Ana en la ciudad de Chapeltique, donde es párroco el P. Amílcar Ramos y su coadjutor el P. Nicolás.
Entre los participantes estuvo el clero de la Diócesis de Zacatecoluca y su Obispo Monseñor Bolaños, el clero de Sonsonate, San Vicente, San Miguel y su Obispo Monseñor Miguel Morán y la Diócesis anfitriona de Santiago de María y nuestro Obispo Monseñor Rodrigo Orlando Cabrera. Como siempre hay siempre un ganador que se lleva el trofeo esta vez fue la Diócesis de San Vicente la ganadora; aquí encontramos a los obispos hacer entrega del trofeo a representantes de su equipo. Se propuso en esta convivencia que el nombre para la fraternidad sacerdotal interdiocesana podría ser: “Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdamez”
P. David Torres

FRATERNIDAD SACERDOTAL


El día 22 de Diciembre de 2014 la fraternidad sacerdotal integrada por las vicarias Monseñor Rivera Dama y San Juan María Vianney, celebramos la tradicional convivencia navideña, en la parroquia y Santuario Mariano, que preside el Rvdo. Padre German Montoya.
Son tres los santuarios en la Diócesis de Santiago de María, frecuentados por muchas parroquias tanto diocesanas como interdiocesanas, entre las que se cuentan: En Jucuaran, Usulután dedicada a nuestra señora de Candelaria, en Santa María, Usulután dedicada a Nuestra Señora de los Remedios, actualmente presidida dicha parroquia por el padre Fernando Alvarado y en Ciudad Barrios, Dpto. de San Miguel, dedicado a Jesús del Buen Rescate.
En dicha convivencia fraternal, se impartió, el tema “Fraternidad Sacerdotal”, a cargo de su servidor, el cual compartí en un clima de mucho respeto y atención y aceptación.
P. David Torres

ENCUENTRO DEPORTIVO


En San Luis de La Reina parroquia que preside el Padre Pablo, se celebro un fraternal encuentro deportivo entre sacerdotes de la Diócesis de Santiago de María, el padre su coadjutor y feligreses nos recibieron muy fraternalmente, culminando el encuentro deportivo con un almuerzo en un ambiente muy familiar. San Luis de la Reina es una ciudad ubicada al norte del Departamento de San Miguel, prospera y muy accesible pues ha sido beneficiada con la longitudinal del Norte.

P- David Torres

DIOCESIS ZACATECOLUCA


El 25 de Noviembre de 2012 las diócesis de Zacatecoluca y Santiago de María sostuvieron un encuentro fraternal que inicio con el partido y culmino con el almuerzo.

P. David Torres

ENCUENTRO DEPORTIVO DIÓCESIS SAN MIGUEL


Gran encuentro deportivo e invitación a un fraternal almuerzo preparado por la Diócesis de San Miguel en Playa Playita Dpto. de La Unión. Concurrieron como lo pueden notar con el Señor Obispo Monseñor Constantino desde la Diócesis de Sonsonate hasta San Miguel. Esta vez el ganador se definió por penaltis quedando ganadora la Diócesis de Santiago de María

P. David Torres