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Características teológicas-pastorales. Código de Derecho canónico actualmente vigente, promulgado por Juan Pablo II en 1983, define la parroquia como «una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio» (canon 515). Y establece que «como regla general, la parroquia ha de ser territorial, es decir, ha de comprender a todos los fieles de un determinado territorio; aunque, donde convenga, se constituirán parroquias personales...» (canon 518). Se trata de una definición excesivamente jurídica, en la que se echan de menos los elementos teológicos señalados tanto por el Vaticano II como por el magisterio posterior. Para describir mejor la peculiaridad teológica y pastoral de la parroquia, proponemos esta otra definición, que explicitaremos en los siguientes apartados: la parroquia es una comunidad estable y pública, formada por todos los cristianos que viven en un determinado territorio y que, presidida por un presbítero en nombre del obispo, constituye una célula viva de la Iglesia particular y hace presente en ese lugar a la Iglesia una, santa, católica y apostólica.
1. PRESENCIA DE LA IGLESIA PARTICULAR. «Como no es posible al obispo, siempre y en todas partes, presidir personalmente en su Iglesia a toda su grey, debe, por necesidad, erigir diversas comunidades de fieles, entre las cuales tienen un lugar preeminente las parroquias, constituidas localmente bajo la guía de un pastor que hace las veces del obispo» (SC 42). La parroquia recibe su eclesialidad de la Iglesia particular, que es la comunidad cristiana plena y necesaria.
Dada la dimensión excesiva de la diócesis, la creatividad de la Iglesia estableció este tipo de comunidad menor para acercarse lo más posible a los hogares de los cristianos y posibilitar así que todos pudieran experimentar el misterio y la visibilidad de la Iglesia. La parroquia es el lugar donde la Iglesia diocesana reúne de forma habitual a sus fieles. Por eso está formada a imagen de la misma Iglesia particular; es como una célula viva que contiene, a nivel más pequeño, todos los elementos que caracterizan a la Iglesia episcopal.
Para explicar esta presencia de la Iglesia particular en la parroquia, la teología antigua elaboró el concepto de statio, que ha sido recuperado en parte por la liturgia actual: se llama Misa estacional a la eucaristía que preside el obispo en una parroquia, sobre todo con motivo de la visita pastoral. El significado es que, en esta ocasión, toda la Iglesia particular está presente y se manifiesta en una parroquia determinada. Pero la statio no se refiere solamente a este acontecimiento extraordinario; toda la vida de la parroquia es una statio permanente. Porque este concepto tiene tres connotaciones: lugar de residencia de la comunidad cristiana; lugar de reunión, es decir, donde los cristianos se reúnen en asamblea, en comunidad visible de oración y culto; puesto de avanzadilla y vigilancia, es decir, lugar donde la Iglesia realiza su misión evangelizadora.
Todas las demás características que vamos a describir se derivan de esta condición esencial de la parroquia.
2. COMUNIDAD CRISTIANA. Aunque para muchos la parroquia es sólo un templo o un lugar en el que se ofrecen una serie de servicios religiosos, la verdad es que, ante todo, es una comunidad cristiana que encama todo el misterio de la Iglesia. Es un lugar donde vivimos el don de la comunión acogiéndonos como hermanos, compartiendo lo que tenemos y trabajando juntos para construir el reino de Dios. Y esto compromete a sus miembros a tres tareas fundamentales: 1) Vivir el misterio: en la escucha de la palabra de Dios, en la oración común y la liturgia celebrada, los cristianos actualizan y maduran su fe en el aspecto mistérico de la comunidad como pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo. 2) Vivir la fraternidad: en una sociedad donde las relaciones son, con frecuencia, utilitarias, interesadas e incluso opresoras, la parroquia ha de favorecer el encuentro en libertad, respeto, generosidad y aprecio mutuo; acoger y educar la diversidad humana y religiosa; promover el encuentro y la convivencia. 3) Trabajar en corresponsabilidad: reconocer la responsabilidad, a la vez común y diferenciada; favorecer la participación de todos; trabajar en común; formar y capacitar para los distintos servicios.
 
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