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MEDIO AMBIENTE PASADO Y PRESENTE

La destrucción del medio ambiente ha sido una constante, en la que se nos ha acostumbrado a VER, OIR Y CALLAR. En El Salvador,  época del ferrocarril, se talaron a diestra y siniestra miles de hectareas de árboles  maderables  para utilizarlos como durmientes en la línea del tren; ante una necesidad como fue ofertado el tren, se sacrifico lo más necesario, el medio ambiente.
A esta irrazonable visión, se sumo la minería de oro  y de la que más cerca tengo en mi conocimiento, es la minería de Potosí una población que se ubica entre Sesori  y chapeltique, ambos municipios del Departamento de San Miguel. Tal minería no solo contamino  las aguas que como bien lo visionan estas empresas, pasaban a  300 metros  de su operación (Rio Santo Tomas); también fue promotora de la tala de árboles con existencia milenaria, acerrándolos y aprovechando solo el corazón de los árboles para sacar toda clase de vigas para diseñar los túneles de largas distancias donde abstraían el oro. Dicha depredación fue extendida desde San Gerardo  a China meca y desde Sesori a Guata jigua (áreas territoriales que comprenden el Dpto. de San Miguel y Usulután). Los aserradores  tanto del riel del tren como de las minerías, a quienes les pagaban la madera a precio de hambre, más que hacer en tal trabajo su vida dejaron ahí su vida y también la dejamos miles de personas,  sepultadas en un futuro de muerte provocada como lo que hoy sufrimos en cuestión de medio ambiente.

Sumando a esto, Las fabricas que como actualmente muchas laboran sin inspección ambiental alguna (en la práctica), conozco también de cerca la fábrica de maguey y yute, que elabora sacos, lasos y otros derivados, en la población de El Platanar del municipio de Moncagua, San miguel. Dicha fábrica arrojaba grandes toneladas de desechos contaminantes al rio de aguas cristalinas que pasa entre Hacienda Tamera y Cantón los Zelaya y Amates, provocando la muerte de todos los peces y su diversidad de crustáceos  como cangrejos y camarones (de agua dulce como los llamábamos). Nadie decía nada, hasta se veía como una   ”bendición” ir a recoger  en matatas y canastos los peces  moribundos o recién muertos. A esta cadena alimentaria  de los depredadores del medio ambiente, se suman los cafetaleros que para hacer posible sus haciendas cafetaleras, no dudaron en deforestar  los altos cerros de ambiente climático fresco, entre los muchos de El Salvador, Alegría, Berlín, Santiago de María, Jucuapa, Chinameca del Dpto. de Usulután y Ciudad Barrios del Dpto. de San Miguel. Hoy su ambiente frio no diferencia en mucho del clima tropical de la zona costera. Los ventiladores y aire acondicionado son una necesidad para muchos.

Últimamente siempre los arboles, pagando los platos rotos: para elaborar los ladrillos de obra en la construcción de casas y pisos, para patios donde se asolea el café y patios salineros, se ha recurrido a la tala de árboles para quemarlos en hornos que funcionan con buena cantidad de madera.
Y ante un moribundo medio ambiente, viene el tiro de gracia; esto es,  al aplicar el costo real del gas licuado y al no poder acceder a su compra, cocinas domesticas, pupuserías, tortillerías, panaderías, han implementado el uso de la leña; hoy vemos ir y venir vehículos cargados con leña, que en varios sectores de nuestras comunidades se está proporcionando con la agilidad de las moto cierras (en gran demanda) para reducir a leña todo un árbol en pocos minutos. La medida del subsidio con su sana intención y aun no estable, empuja al uso de la leña; fomentando la contaminación pulmonar con el humo para quienes directa e indirectamente hacen uso de las hornillas de leña.

Ciertamente que aunque el fin pareciera  bueno, el medio para conseguirlo no lo justifica. Actualmente vemos también importantes extensiones de mangle que han tenido que sacrificar para la construcción de centros turísticos como Puerto Varillas y su respectiva autopista; sumando ya a poca distancia una de otra, siete autopistas (dos de ellas sin funcionar) y para criaderos de camarón en todo lo que va de la Bahía de Jiquilisco. Lo risible de todo esto es que cuando algún curilero trae algunas ramas secas de mangle son interceptados por la policía de medio ambiente, presentándose como efectivos protectores de la ley; salen en primera plana en los MCS y son presentados dichos leñadores ocasionales, a la opinión pública como casos ejemplarizantes de depredación, convirtiéndolos nada mas en chivos expiatorios para cubrir  el libre arbitraje para arrasar las grandes extensiones de mangle  que arrancan con maquinaria hidráulica de los que por su altura o conexión con el poder,  gozan de total impunidad.
Con estas  vivenciales reflexiones, me sumo a miles de hermanos, amigos y compatriotas que soñamos por un medio ambiente  más humano, justo y digno para las presentes y futuras generaciones.

P. David Torres